CAMPAMENTO ARTISTAS FORMADORES
- Aria Ilustración
- 1 oct
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Llegué al Campamento con la propuesta Crews_edu: Escuelas de proyectos, una apuesta en el currículo de la escuela que potencia el arte joven y pedagogías en movimiento, pensada como estrategias de campamentos y laboratorios inmersivos, expansibles y abiertos para el encuentro entre colectivos juveniles y experiencias artísticas situadas. Mis expectativas iniciales se propusieron poner en circulación uno de los múltiples dispositivos de juego, que dinamizara la conversación desde la narrativa y permite ver cómo otros pares, en este caso artistas formadores en la mesa se apropiaban y generan iniciativas compartidas. Para ello llevé la metodología de la manzanita cultural: una manzana sobre la mesa, convertida en objeto detonador de relatos y conexiones. A partir de ella se abrió el diálogo sobre sus múltiples significados en la manzana en la vida cotidiana, en la naturaleza, en las artes, en la física, la matemática, la cultura y la historia del arte. Como personaje animado, objeto en un videojuego o símbolo en la construcción de mundos. La manzana se volvió entonces un punto de partida alegórico, sencillo y poderoso, que permitió en la mesa con los participantes vincularse desde sus propios saberes e intereses, y así también citar el nodo de mi practica artística centrada en crews de creación.
El intercambio desde crews_edu se activa esa dinámica colectiva, los grupos de niños, jóvenes o adultos se reúnen en torno a la manzana de su “deseo”, pero rápidamente trascienden el objeto para entrar en sus propios lenguajes, conceptos y experiencias. Así se pone en práctica la idea de transmedia y de transitar entre saberes, gustos e intereses como motor creativo. El intercambio de la propuesta de crews se expande siempre entre coordenadas de espacio, sentidos, tiempo y de territorio, la pared, el colegio, la ciudad, el cuerpo, la memoria, el discurso, la escuela y el currículo, entendidos como dispositivos artísticos de conexión.

La reflexión central está en el diálogo en acción, o en la “conversación”, esa forma de conversar creativamente que se convierte en motor del aprendizaje y de la práctica. El campamento permitió ver que lo más valioso era ese intercambio vivo, situado, donde se sumaban voces para darle forma al sentido colectivo. Uno de los aspectos que más disfruté fue jugar con los roles de las insignias del campamento en cada equipo y mesa. El que más me marcó fue el rol de narrador especulativo, porque representaba la posibilidad de ordnear las coordinadas hablando de la vida y del sabor del arte, de las prácticas de oficio con cultura en los territorios del sur. Desde allí se generaron las primeras reflexiones, impulsadas por los diálogos detonantes de Germán Paley. Con su juego de palabras, desconectando y reconectando verbos y letras, empezó a crear un nuevo lenguaje para el campamento: desfigurando la idea patriarcal y dominante, y situando la mirada en lo fraterno, en lo fratromonial, en lo construido desde el común como lugar del territorio cultural. Ese espacio se configuró como un territorio crítico y poético del sur, abierto al mundo.
Ese juego de sonidos y discursos resonó en mi práctica, potenciándola y valorándola como un espacio de sentido donde la voz de todos es clave, más allá de las instituciones, más allá de las hegemonías, más allá de las herencias que aún se sostienen en prácticas centradas en los objetos y no en las personas y sus valores. Lo que se abrió fue un reconocimiento de la vida heterogénea de mi iniciat8va como prácticas vigentes, sensible, coherentes con las comunidades y sus culturas, de las memorias, de los sentires, de las identidades, de las personas que habitan los territorios y les dan sentido. Todo esto se relacionó continuamente con los demás ejes del campamento: la ética, la estética y la transformación social; el cruce entre arte, ciencia, tecnología.
En ese tránsito, destaco también las reflexiones de Ainton Kenak, ponente del sur, quien habló de modelos multilenguaje, y las conexiones éticas y estéticas planteadas desde Brasil. Estos aportes los asumo como parte de una imaginación política, que me permite gestar un sentido en las experiencias a seguir proponiendo como prácticas relaciones y en este compartir donde acampé dos días con otros 104 formadores y gestores culturales de distintas instituciones. Allí dialogamos, enunciamos subjetividades y buscamos romper la frontera entre adentro y afuera, visibilizando la ruptura misma. Las reflexiones dinámicas nos llevaron a proponer las barreras, las jerarquías —el arriba y el abajo— y a abrir un fluxus de pensamiento y acción.
Sin embargo, también es necesario reconocer que en relación con la justicia epistémica emergieron tensiones. Se hizo visible cómo los relatos y las formas en que se construye el conocimiento no están exentos de intereses políticos. Estos intereses atraviesan los artefactos, los usos, las tecnologías, los bienes y servicios humanos (los artistas y los formadores, sus condiciones) que se ponen en juego en estos espacios culturales.

Aunque el tiempo fue corto, el campamento me permitió reconocer que nuestros saberes son saberes solidarios, participativos, la sociología de saberes urbanos y comunitarios de Bogotá, que a su vez infiere en la idea de nación, las culturas y las escuelas.

Los aprendizajes de la participación activa de Germán Paley, deja el juego por lenguaje, la palabra como dispositivo de subversión, el desarticular el discurso y poner en el centro lo fraternal, al punto que insemina el campamento con las ideas evocadoras de divergencia al patrimonio como idea única, estática, centrada en las arquitecturas y objetos, así como en lo imperativo del patriarca. Que se descentra para divergir en lo heterogéneo, en lo fraterno y en las identidades del sur. La mirada tradicional ha puesto el foco en monumentos y edificaciones históricas, dejando al margen expresiones patrimoniales vivas: huertas, cerros, ríos, saberes populares, artesanías, sonidos y memorias locales. De esa tensión se desprende la necesidad urgente de patrimonios integrados: no solo objetos aislados sino vínculos entre lo natural y lo cultural que las comunidades valoran y que definen identidad, arraigo y bienestar. En ese sentido, el concepto de fratrimonio aparece como una propuesta que impulsa la fraternidad, el cuidado y la copresencia de voces diversas como fundamento para la reparación simbólica y social del espacio urbano.
. En particular, destaco el trabajo de los grupos que construyeron músicas y canciones, pues lograron crear piezas potentes, con letras y líricas que llamaban a la resistencia, a la unidad, al reconocimiento de las ficciones y de las formas culturales propias de nuestros pueblos y regiones. Estas composiciones evidenciaron la capacidad del arte sonoro para convocar colectivamente y para movilizar sentimientos compartidos en torno a la dignidad y la memoria.
También me pareció valioso el trabajo del componente de arte y ciencia, que desarrolló la propuesta de las “gafas del futuro”. Aunque su formato fue más cercano a una performance escénica, lograron en poco tiempo elaborar una idea evocadora que simulaba una experiencia de realidad aumentada. Esta propuesta, a través del juego, planteó una reflexión crítica y analítica sobre la relación entre tecnología, percepción y futuro, mostrando cómo los dispositivos artísticos pueden operar como laboratorios de pensamiento.
En general, valoro de todos los dispositivos su carácter social, inmersivo y situado, construido desde un lenguaje sencillo y con el uso de materiales locales dispuestos en cada mesa y en cada eje de trabajo. Lo que se puso en discusión fueron elementos centrales que, finalmente, terminaron transponiéndose como una retícula, un tejido y un subtexto común del proceso: que las apuestas de futuro para la ciudad no pueden desvincularse de discusiones sobre presupuestos, economías, bienes, servicios y ofertas dignas. Se evidenció la necesidad de que el arte y la acción de los artistas formadores no sean usados únicamente como insumo para informes transitorios, sino que se sustenten en estructuras sólidas de construcción de empleabilidad digna y sostenible, así también, en el ejercicio de los espacios, el territorio y el cuerpo, cuente con elementos e infraestructura cultural.
Queda mucho por avanzar en materia de investigación, financiación y circulación, pero reconozco que estos dispositivos señalaron caminos claros: la identificación con el cuerpo y su poética, poniendo en el centro la vida, el cuidado de lo humano y el cuidado de los seres y entidades vivas. Allí radica su mayor aprendizaje y vigencia.






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